Para llegar a esto, miran a su alrededor, pisan a los débiles creyendo así que se van elevando, sin darse cuenta de que lo único que consiguen es aplastar a algunos de los muchos que los rodean y, por ellos se frustran, viendo que a ese ritmo nunca acabarán.
En mi opinión, lo que hay que hacer es olvidarse del mundo (cada vez más mediocre), y observar nuestro interior. La mayoría de gente se dará cuenta de que no tiene nada, de que toda su vida ha sido enfocada hacia fuera, que todo hasta este momento ha sido externo, superficial. Lo que suelen hacer, asustados por este gran vacío, no es intentar llenarlo sino que, sencillamente, hacen como si no lo vieran y siguen mirando hacia el exterior. Pero yo creo que no deberían aterrorizarse ante el vacío sino que deberían empezar a hacer cosas que realmente dejaran una huella en ellos e ir cerrando este agujero, granito a granito, de actividades que no fueran meras apariencias, sino que sin importar el "qué dirán", les fuera llenando.
De esta forma, al cabo de unos años, tendrían una personalidad propia (sin seguir al rebaño colectivo), unas aficiones que realmente aprovecharan y una VIDA REAL. Estas personas tienen claro lo que quieren, y por ello, luchan hasta llegar a su meta y dejar una huella en el mundo, mejorar la humanidad aunque sea levemente y esta, es la felicidad.
Es una alegría única e indescriptible, que llega cuando haces lo que debes y no cuando cometes estúpidas locuras. Esta sensación es la que da paz a la persona ya que siente que está haciendo lo correcto, lo que le corresponde. Sabes que este vacío ya no existe sino que es como un pozo que rebosa aguas de tranquilidad. Para mí, este es el máximo al que toda persona puede y debe aspirar.
Reflexionando, Ada...
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